Diseño peculiar caracterizado por su paleta de tonalidades azules, turquesas, grises y blancas. La proyección vertical y sus formas geométricas se transmite a través de líneas quebradas que se iluminan al atardecer.

En un entorno envidiable donde el mar Mediterráneo se encuentra a escasos 50 metros, con vistas al castillo y al casco antiguo de Peníscola, se alza el hotel Prado, con un diseño peculiar caracterizado por su paleta de tonalidades azules, turquesas, grises y blancas. La proyección vertical y sus formas geométricas se transmite a través de líneas quebradas que se iluminan al atardecer mediante muros cortina, visibles desde cualquier punto de la población. La transparencia de planos, los pavimentos y la decoración forman la continuidad del lenguaje que conecta el hotel.

Algunas imágenes del proyecto